LOS ANTECEDENTES

 

1.- Recuerdos de una primera marcha que no todos han olvidado

Un testimonio

Me remonto a mediados de los 90, plena fiebre electoral municipal, un grupo de gays y lesbianas toman taxis, combis y un carrito mal trecho, todos entusiasmados con dirección al parque Kennedy, al frentito de la pileta, al costadito del siempre vapuleado Haití.

Casi al llegar lo vuelvo a pensar, estaré bien si estoy en la marcha, por que somos tan pocos si en las discotecas, baños de la vía expresa, cines porno, saunas, y demás puterios se nos ve que somos un montón, casi casi como la población de Andorra. Nuevamente convencido por un festivo amigo (hoy en Francia) cojimos volantes, banderolas y demás. Para asolapar la cosa abrazamos a las amigas lesbianas (vano intento). Mientras reventábamos nuestras gargantas un grupo de gays miraba desde la otra vereda (como siempre lo hacen) intentando pasar «buses» por mas que llevaban un look multicolor (muy 90s). Al termino de la valerosa jornada, nos esperaba una fiesta, (en el MHOL) por una extraña razón (quizá cayo agua encima de algunos) los gays se multiplicaron y la fiesta estuvo a reventar.

Años después las marchas se convirtieron en vitrina de figurettis faranduleros, gays hambrientos de protagonismo, militantes de causas perdidas en un universo ya extinto. Lo simple de las marchas el mensaje que se daba paso a un segundo plano para dar paso a una guerra de pañueleta, léxicos complicados (sacados de un setentero Larousse). Con la aparición de tantas instituciones aparecieron también los  intereses, vanidades y demás arrebatos. Una lastima que este año se perdió tiempo buscando  a quien presidiera la causa, buscando culpables de temas  nada importantes, quejándose de nada,

(Raúl, militante de MHOL durante los años 90)